ocupaciones estéticas

Habitar el aire (en construcción). Ensayo audiovisual

Poco antes de Habitar el aire, se desarrolló en las Naves de Matadero otro proyecto que giraba en torno a una casa. Como suele decirse, todas las comparaciones son odiosas, y ciertamente esta otra construcción, con la que se abre este vídeo que presentamos como cierre de este periodo de trabajo, tendría inicialmente poco que ver con la propuesta de Recetas Urbanas. La primera casa forma parte del proyecto de Fernando Rubio El tiempo entre nosotros y estaba construida con un propósito muy claro, que un actor viviera efectivamente en ella durante cinco días. Es una casa de madera, algo más pequeña que la que luego se va a instalar en la Nave 11, situada en la azotea de la Nave 10. Su aspecto es más modesto, menos espectacular; de ella no conocemos al arquitecto y tampoco el modo como ha sido construida. Su uso, evidente para el público desde el principio, está por encima de estos otros aspectos. Una vez finalizado el proyecto, y de forma excepcional, porque la casa suele desmontarse cuando concluye la obra, la construcción ha permanecido en la azotea para otros usos artísticos. Es curioso que esta construcción, un medio para generar, como se explica en la presentación del proyecto, un terreno estético de relaciones y actitudes desacostumbradas ante la obra teatral, a diferencia del proyecto de Recetas urbanas, tiene una finalidad evidente que no es necesario hacer explícita. Fue construida para este fin y más allá de las dificultades administrativas que hubiera que salvar para poder ubicarla en la azotea de la Nave 10, no presenta en relación a su finalidad, su sentido y posibilidades de reutilización ningún debate posterior.

Posiblemente lo más interesante de los cruces, aperturas, procesos y eventos a los que ha dado lugar Habitar el aire, primero durante su fase de construcción en mayo y luego durante las intervenciones artísticas en junio, esté debido a la dinámica de desplazamientos, fisuras y contradicciones que conforman este proyecto desde su formulación inicial. “El tiempo entre nosotros” propuesto por Habitar el aire, jugando con el título de ambos trabajos, ha sido más conflictivo, no por difícil, sino por lo inacabado e incierto que tiene algo que está todavía haciéndose, que no tiene una forma definitiva y su sentido final no se conoce. Recuerdo que un día, en unas de las pausas de los talleres, volviendo de la comida, se armó una discusión con Cirugeda y todo el equipo sobre modos de construcción, que me hizo pensar que la casa ideal sería aquella que, como la vida, nunca estuviera acabada del todo. Ciertamente sería también una casa más difícil de sostener en una cultura  que nos demanda tener nuestra propia casa acabada lo antes posible para ponernos a construir la siguiente. Presentar la casa de Habitar el aire con el fin de que se reutilice posteriormente para otros usos de carácter social distintos del uso inmediato —artístico— planteaba una serie de preguntas que de algún modo se han dejado sentir a lo largo de todo el proyecto. ¿Objeto de contemplación, pieza de museo, proyecto social, una casa hecha para ser habitada pero que no se puede habitar, y a veces ni siquiera entrar? ¿Para qué ha servido esta construcción en medio de la inmensa Nave 11? Estas preguntas se pueden responder de muchas maneras, pero lo interesante desde el punto de vista de la experiencia y el conocimiento que ha podido generar no es darle una respuesta definitiva —eso en todo caso serviría para hablar del éxito o fracaso del proyecto y de su posible justificación frente a las administraciones correspondientes— como insistir en ese terreno de desplazamientos, deseos insatisfechos, cruces inesperados, tiempos muertos y momentos de convivencia, en los que ha consistido posiblemente lo mejor de esta aventura. Justamente esas cosas que se lleva el aire, lo demás es lo que queda por escrito.

 This is modern art´s main pitfall: the artwork has no “inner” value of its own. It has no merit other than the recognition the viewing public bestows upon it, for unlike science or technology it has no compelling function independent of the whims and preferences of its audience.

Boris Groys

 

 

 

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