De sol a sol, sonidos e impresiones

Hola, estamos preparando un relato colectivo de la experiencia de la otra noche con el concierto De sol a sol, de Llorenç Barber y Montserrat Palacios, cuál es la imagen que te viene a la cabeza cuando recuerdas ahora aquella noche, qué impresión te quedó, cuál es la sensación, instantánea, anécdota que te viene a la cabeza.

 

La nocturnidad de horas que se dilatan para hacer de los minutos tiempo. Improvisar un espacio de descanso entre sacos, esterillas y cojines; entre extraños que improvisan, a su vez, con sus sacos, esterillas y cojines. La expectación ante la experiencia, el redescubrimiento de lo cotidiano, ¿cuántas campanas han sonado en nuestros tímpanos, cuántas máquinas de coser, cuántos pitidos nos han asaltado a la hora del té? Escuchar con oídos nuevos, dejarse habitar, habitar el espacio, habitar con los otros, habitar el aire con sonidos y dejar que los sonidos habiten los sueños o las duermevelas de cada uno, de cada una, y de todas y todos. La sorpresa de una voz sugerente que juguetea en lo alto de una casa mientras un hilo cose partituras, campanas que se precipitan en el aire, granos que resuenan en el metal, carracas que espantan el letargo… Leer la descripción de una experiencia no es vivirla. Lamentablemente.

 

 

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El sábado fue increíble ver a tanta gente ahí en la nave de Matadero con sus sacos de dormir, sus tápers y bocadillos, sus zapatillas de estar por casa, niños dormidos junto a su libro de Harry Potter, parejas haciéndose arrumacos, una chica leyendo unos apuntes, otro dibujando… Me quedo con: cómo al son de las campanas de Barber y su equipo -y al son de algún que otro ronquido de vez en cuando- se generó esa atmósfera de cotidianidad. Todo ello bajo la casa de “Habitar el aire” a modo de OVNI, con una luz entre natural y artificial que hacía que no supieras en qué realidad ni dónde carajo estabas.

 

 

 

Una aventura musical y social que me ha regalado una agradable y divertida noche en un entorno estimulante y a la vez relajado, en el que la escucha y la contemplación del arte musical y, sobre todo, la vivencia de su efecto en mi interior fueron un curioso divertimento.

 

gente acampando en un sitio raro, extrañeza y poco a poco calor de la gente, una extraña cotidianeidad, como si eso pasara todos los días o la gente que estaba allí ya estuviera habituada a hacer eso, una cierta sensación de hermanamiento con desconocidos, y un viaje sonoro y espacial en el que cosas aparentemente marginales, que a lo mejor no tenían nada que ver con lo central de la obra, adquirían de repente un sentido inesperado, el viaje-concierto-noche se lo terminaba haciendo cada uno

 

 

Tuve la impresión de estar dentro del sueño de alguien (había algo como de gruta humeda), sobre todo entre las 3 y las 5 de la mañana. Como en los sueños, las imágenes reconocibles aparecían deshilvanadas y absurdas: una casa suspendida en la oscuridad, 14 cuerdas larguísimas con campanas en el extremo final y una paellera tan grande y brillante como la luna. Me gustaba ver a todo el mundo durmiendo, mientras que “mi misión” consistía en mantener despiertos a los músicos ofreciéndoles té, café, chocolate… para que no cesaran de alimentar a aquella cosa que, en vez de concierto o de experiencia, me pareció que había adquirido una identidad o un cuerpo. Pero, como digo, eso fue entre las 3 y las 5, no antes.

 

Para mí ha sido una experiencia muy interesante. Tal vez la primera palabra tiene que ver con lo GREGARIO. Me sorprendió como todo el mundo se refugió debajo de la casa, la casa como un objeto protector, la cueva…

 

Otra cosa muy importante para mí fue que acudiese a ver el espectáculo DAVID. David es un mendigo que veo todos los días desde la ventana de la oficina. Se sienta a comer en los bancos de piedra que hay en el soportal frente a la Nave 10. Come, lee, observa… a diferencia de la gente de la calle desprende una gran tranquilidad, sus ojos están limpios, observa el mundo desde otro lugar. Me sorprendió verle llegar con su entrada y sus tres bolsas que siempre le acompañan. No sé que le ha movido a venir, pero ha sido una de las sorpresas más importantes, es como si el hecho de que estuviese hacía que el concierto tomase mayor relevancia.

 

 

 

para mí la diferencia de cuando he venido otras veces a Matadero y esta es que esta vez la gente venía a estar, no solamente a ver una obra, sino a quedarse por un tiempo, y las actitudes, cuerpos, formas y miradas se transformaban, no había prisas porque empezara o terminara ninguna obra, la obra era nosotros mismos allí, tranquilamente, teníamos toda la noche por delante para no hacer nada, esa sensación era muy placentera, solo había que estar ahí, oír la música, perderte en el tiempo, hablar con alguien, compartir la comida, o pasear por el espacio, o meterte en tu saco y olvidarte del mundo, de repente recuperabas eso que suele ser tan difícil en la rutina de todos los días, tiempo para ti, y allí había todo el tiempo del mundo que aquellos sonidos, voces de soprano, campanas, no dejaban de transformar, disparar hacia lugares insólitos… el tiempo era como un blandiblue con el que algún acordeonista caprichoso no dejaba de jugar

 

Pues yo fui de los que se quedó dormido y disfrutando de estar allí, incluso dormido, tanto que al salir del concierto se formó un grupo que queríamos desayunar juntos, y no había ni un solo bar abierto. Me hubiera encantado desayunar con esa pequeña familia que se había formado. Y no hubo manera.

 

Era un concierto no solo de campanas sino de todo tipo de sonidos y con todo tipo de objetos, y sonidos que hacían las personas. Yo, por la noche ya, cuando nos quedamos más tranquilos, me parecía que estábamos en un bosque con sonidos de animales, me parecía como una selva llena de sonidos. Jo, qué trabajo, muy interesante. No me llegué a dormir, porque no me traje saco, me bajé los cojines de la casita, y no dormí porque pasé frío, pero estuve muy relajada. Y no hablé con nadie, y mira que yo hablo, pero al principio la gente estaba más curioseando de un lado para otro, y luego todo se quedó tranquilo, y a las seis y media, cuando entró el primer rayo de sol empezaron con una traca impresionante. Y eso que yo vine para estar un rato, y al final me quedé toda la noche, por eso es que no vine preparada, pero resultó ser sorpresa toda la experiencia.

 

 

 

Un comentario en “De sol a sol, sonidos e impresiones

  1. Ángela Botero dijo:

    El tiempo de noche es otro tiempo que parece no contar y esta vez contó y sobre todo cantó.
    El sonido, a veces estridente se calmaba con la voz de Monserrat que me mantuvo conectada a la vigilia con su sonar cocer y canta mientras una tetera silbaba.
    En los momento que me poseyó morfeo y lograba dormir soñaba con lo que pasaba y yo cantaba y reptaba. Fue alucinante e ilusionante. Gracias casa, gracias aire, gracias noche poblada de arte y seres maravillosos.

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